Paraguay es uno de los principales productores y exportadores de soja a nivel mundial, pero su industria aceitera atraviesa desafíos significativos. Sandra Noguera, Gerente General de la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO), analiza la situación actual del sector y las perspectivas para el año 2025, en una conversación con Valor Agrícola.
Noguera destacó que la industria debe enfocar sus esfuerzos en consolidar la molienda dentro del país, porque este es el eslabón fundamental para el desarrollo de toda la cadena de valor de las oleaginosas.
“Es clave preguntarnos a qué queremos apuntar como país, a seguir siendo principalmente proveedores de materias primas agrícolas o a darles valor dentro de nuestro territorio, para que los beneficios de una mayor industrialización se queden en nuestro país para todas las familias paraguayas”, expresó.
¿Qué evaluación puede hacer el sector sobre 2024?
La situación de la industria aceitera nacional se volvió crítica en 2024, tal como lo demuestran la fuerte reducción de la molienda y la paralización anticipada de las industrias, hechos que se advirtieron desde principios del año. Los datos parciales, al cierre de octubre último indican que el volumen de procesamiento de soja fue el más bajo que se haya registrado para el décimo mes en los años que no hubo problemas de disminución de la cosecha y desde que se incrementó la capacidad instalada de la industria nacional, a principios de la década pasada. Hasta octubre de este año la utilización de la capacidad nominal de las industrias nacionales fue del 64%, 4 puntos por debajo del valor con que cerró este indicador en el acumulado hasta el mes anterior. Paraguay produjo este año más de 10,5 millones de toneladas de soja, de los cuales el 75% al cierre del año será procesado en el extranjero, mientras que solo el 25% se procesará en el país, con lo cual las industrias quedarán con una capacidad ociosa en torno al 40%.
¿Cómo afecta la variabilidad en la producción de oleaginosas en Paraguay y las exportaciones a la capacidad de las industrias de procesamiento?
La variabilidad del volumen de la cosecha nacional de soja a causa del clima suele complicar el andar del campo en algunos años, cuando las condiciones son adversas; sin embargo, la producción es solo uno de los factores que determinan un mayor o menor procesamiento. En la cosecha de este 2024 se tuvo una producción casi récord de la oleaginosa, pero la molienda se redujo radicalmente este año, impactada por el aumento inusitado en el volumen de las exportaciones de granos en estado natural. Ese hecho fue a causa del deterioro de las condiciones de competitividad, porque la producción de soja creció cerca del 8%, pero la buena cosecha no se tradujo en una mejoría para la agroindustria, porque según las proyecciones, se estima que la molienda cierre el año 2024 con una caída de más del 10% con relación al 2023, lo que implicará una ociosidad cercana al 40% de la capacidad instalada.
¿Qué papel juega Paraguay como exportador de productos derivados de oleaginosas en el mercado global?
Según los datos del USDA, nuestro país es el cuarto exportador mundial de harina de soja, quinto exportador mundial de aceite de soja y tercer exportador mundial de granos de soja. Pero más allá de esta relevancia en los mercados globales, es importante destacar que, aunque Paraguay es el sexto mayor productor de soja del mundo, está afuera del listado de los 10 principales procesadores de esta oleaginosa en esta campaña. En este sentido, cabe preguntarnos a qué queremos apuntar como país, a seguir siendo principalmente proveedores de materias primas agrícolas o a darles valor dentro de nuestro territorio, para que los beneficios de una mayor industrialización se queden en nuestro país para todas las familias paraguayas.
¿Qué tipos de subproductos derivados de oleaginosas están siendo más aprovechados en Paraguay para nuevos usos industriales, como biocombustibles o alimentos?
Los principales derivados de la soja resultantes de la industrialización a nivel local son el aceite crudo, la harina y la cascarilla. La finalidad que persiguen las industrias asociadas a CAPPRO es lograr la mayor calidad y volumen en la producción de los mencionados derivados, utilizando para ello tecnología de punta. El aprovechamiento sostenible de las principales materias primas agrícolas dentro del territorio nacional implica un desarrollo total de la cadena de valor de las oleaginosas, convirtiendo la proteína vegetal en proteína animal y el aceite en biodiésel y otros productos. Desde Cappro sostenemos que la consolidación de la molienda dentro del territorio es el eslabón fundamental para el desarrollo del resto de la cadena y de otros rubros como la producción avícola, porcina, la piscicultura, los productos lácteos, el biodiésel, las margarinas entre otros. Gracias a las inversiones para la instalación y /o ampliación de las industrias aceiteras en 2013, desde ese tiempo fue creciendo la producción de harina de soja, subproducto de la extracción del aceite, así como de otros productos que se utilizan en la elaboración de alimentos balanceados, lo que aumentó la disponibilidad de estos, facilitando la expansión de la cría de cerdos, aves y otras especies de ganado menor.
¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta la industria procesadora de oleaginosas en Paraguay?
El mayor desafío para el gremio es encontrar mecanismos que permitan a la industria aceitera local aprovechar su capacidad instalada y recuperar la competitividad que se ha ido erosionando sistemáticamente en estos últimos años. Eso, porque la situación se está volviendo cada vez más crítica, se van profundizando las condiciones de competitividad negativas que compromete la subsistencia de las industrias aceiteras nacionales que apostaron por el país.
¿Cómo influye el grado de inversión para atraer más capital en la industria de las oleaginosas?
La Cappro tiene grandes expectativas de que la nueva calificación país, con el grado de inversión, pueda influir positivamente sobre el país, beneficiando no solo al mercado financiero y de capitales en el Paraguay, sino que pueda también generar un cambio positivo en toda la economía y así avanzar decididamente hacia el desarrollo sostenible. Desde el gremio instamos a continuar trabajando, a todos los sectores, para atraer inversión a través de políticas públicas que permitan competir en igualdad de condiciones frente a las fábricas de otros países y aumentar la competitividad de las agroindustrias ya presentes.
Paraguay necesita que una segunda calificadora de riesgo le otorgue el grado de inversión para adquirir la condición. Para ello hay que trabajar para consolidar la institucionalidad, luchar contra la corrupción y mantener las reglas de juego para dar previsibilidad a las nuevas inversiones y corregir en aquellas importantes inversiones que fueron afectadas, como es el caso de la industria aceitera en el país.
¿Qué desafíos enfrentan los productores y exportadores paraguayos para cumplir con la normativa europea en términos de trazabilidad, desde la semilla hasta el producto final?
El desafío para los productores y exportadores en relación a la normativa europea 1115/2023 es principalmente desarrollar las herramientas para demostrar cumplimiento, en todos los aspectos, no solo con respecto a la deforestación, sino a todos los otros aspectos requeridos, sociales, laborales e indígenas; y en eso se viene trabajando y se seguirá trabajando en este 2025, considerando la extensión del plazo de entrada en vigor de la reglamentación.
¿Qué análisis le deja la conclusión de las negociaciones del Acuerdo Mercosur- UE?
Celebramos como un muy importante avance la firma del acuerdo UE-Mercosur, que podrá llevar a la apertura o el mejoramiento de las condiciones para la exportación de los productos agroindustriales desde nuestro país y esperamos que esta determinación permita llevar finalmente a lograr una mayor interacción comercial entre ambos bloques y así aprovechar todo el potencial de nuestro sector, porque la Unión Europea es un comprador importante de productos que procesan las empresas que componente la industria aceitera del país.
¿Cuál es su perspectiva para 2025?
Más que perspectivas lo que tenemos es la esperanza de que, primeramente, podamos tener una buena campaña, y que las condiciones de competitividad para la industria aceitera puedan ser mejores a las que se vienen arrastrando en los últimos años y que se reflejan en el gran nivel de ociosidad que experimentaron nuestras agroindustrias.
Para concretar esta expectativa para el año que viene, desde la Cappro señalamos que es urgente implementar políticas que equilibren la competencia de las industrias locales con las fábricas del extranjero, comenzando con un tratamiento fiscal equitativo (ya que son las únicas industrias que no tienen derecho a la devolución del IVA al exportar productos industrializados), para ir luego a otras medidas que devuelvan competitividad al sector y le permiten al país aprovechar el potencial que tiene el país, consolidando la industria aceitera para que esta pueda proveer la proteína vegetal que permita aumentar nuestra producción de ganado menor, así como las grasas vegetales que se conviertan tanto en alimento como energía de calidad y sostenibles para el mundo.
Resumiendo, esperamos una muy buena zafra soja para el 2025, condición necesaria para la industria, pero además es imperioso que el estado reaccione con políticas activas y contundentes para reactivar industrias tan importantes como la aceitera. Caso contrario, el mayor o menor éxito dependerá de las políticas de otros países que compiten con nuestras plantas instaladas en el país.